19 Jul 2008
Esa energía que nos invade y transforma nuestro ser por completo, hasta el punto de permitirnos la fusión con lo mejor de cuantos nos rodean. Aumentan la empatía, los respetos, la comprensión y la mutua satisfacción.
Cuando el amor nos mueve, la vida adquiere una nueva dimensión. El chip cerebral del “a que sí” se enciende y se abren las posibilidades. Las ideas, los actos y las emociones comienzan a manar en todas las direcciones propiciando las conquistas de los objetivos propuestos al aunar las capacidades y energías entre las personas.
Cuando el amor nos mueve, los sentimientos trágicos de la vida se diluyen hasta convertirse en una parte más de la existencia cotidiana, con más luces que sombras, con más miel que hiel. Las soledades se trasforman en complicidades acompañadas. Uno deja de estar solo frente al universo para sentirse parte responsable de un todo, en la construcción de sociedades más amables y justas.
Cuando alguien me dice “te quiero”, automáticamente me pregunto, ¿para qué me querrá? ¿Podré satisfacer sus expectativas? Si me dejo querer… ¿seré usado o abusado? Sin embargo, cuando alguien me muestra su amor con su mirada, su expresión corporal o sus actos me fundo sobre su ser como mantequilla sobre tostada para ser apetecibles a la vida y generar actos creativos.
Reconozco que el amor me mueve y me seduce, cada día con más fuerza, entre todo lo que me rodea. El amor me renueva cada día para libar las esencias escondidas en los actos cotidianos.
Cuando el amor nos mueve, la vida adquiere una nueva dimensión. El chip cerebral del “a que sí” se enciende y se abren las posibilidades. Las ideas, los actos y las emociones comienzan a manar en todas las direcciones propiciando las conquistas de los objetivos propuestos al aunar las capacidades y energías entre las personas.
Cuando el amor nos mueve, los sentimientos trágicos de la vida se diluyen hasta convertirse en una parte más de la existencia cotidiana, con más luces que sombras, con más miel que hiel. Las soledades se trasforman en complicidades acompañadas. Uno deja de estar solo frente al universo para sentirse parte responsable de un todo, en la construcción de sociedades más amables y justas.
Cuando alguien me dice “te quiero”, automáticamente me pregunto, ¿para qué me querrá? ¿Podré satisfacer sus expectativas? Si me dejo querer… ¿seré usado o abusado? Sin embargo, cuando alguien me muestra su amor con su mirada, su expresión corporal o sus actos me fundo sobre su ser como mantequilla sobre tostada para ser apetecibles a la vida y generar actos creativos.
Reconozco que el amor me mueve y me seduce, cada día con más fuerza, entre todo lo que me rodea. El amor me renueva cada día para libar las esencias escondidas en los actos cotidianos.
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